Es importante
tener en cuenta de que los delitos tienen una serie de variables que los
configuran. Los mismos acontecen en un momento sociohistórico específico,
adscritos a determinadas culturas y pautas circunstanciales. Por medio de
diversos conocimientos que se han ido generando en materia de análisis delictual,
los diversos ilícitos que acontecen en determinadas regiones pueden abordarse
de una forma más especializada, propiciando con esto en una mejor comprensión
del fenómeno criminal y tratar de anticipar el componente comportamental de las
personas perpetradoras de los delitos, así como las víctimas.
Resulta
clave señalar de que los delitos, más allá de implicar a los determinados
actores previamente señalados (delincuentes y víctimas), también involucran una
serie de posibles variables o factores que incidieron como motivantes en la
comisión de tales ilícitos, los cuales se ven influenciados por el componente
temporal – espacial, sin pasar por el alto el factor oportunidad que juega un
papel predeterminante en la realización de hechos ilícitos.
Existen
diversas teorías que retoman los elementos anteriormente planteados, y que
desde variadas perspectivas brindan premisas teóricas que posteriormente pueden
procesarse en pautas operacionales. A continuación, se ahonda en dos teorías
que se sustentan en el análisis delictual, y que facilitan la comprensión,
entendimiento y previsión de una serie de factores entrelazados entre sí que
pueden dar paso a variados delitos; entendiéndose estos como la visualización
de “posibles oportunidades” desde la perspectiva transgresora, y que estos actos
no se suscitan de la nada, si no de la interacción e incidencia de variables
que se relacionan entre sí.
La
primera de esas teorías en las que se ahonda es la teoría de patrones, con esta
se brinda una visión comportamental a nivel de interacción social relacionado
con sus patrones. Los seres humanos se desplazan con frecuencia por lugares ya
preestablecidos, al punto que se enmarca un patrón de desplazamiento; lo que
sucede con esta teoría, es que la persona víctima y persona perpetradora del
crimen se encontraron en un determinado lugar por el cual se desplazan habitualmente.
Es decir, si la persona A, que sería una víctima potencial, se moviliza por las
calles 1, 2 y 3; puede darse que la persona B, quien es un delincuente que
comete robos, se moviliza por la calle 3,4, y 5; en un momento conciso (si se
da el caso de que ambas transiten por calle 3 al mismo tiempo), se encuentra con
la persona A, y si las condiciones se prestan para la comisión de un ilícito,
puede darse que la persona A se convierta en un posible candidato para ser
robado por parte de B; esta última persona no tenía presupuestado inicialmente robar
a “A”, pero hubo un cruce entre ambas partes debido a la coincidencia espacial-
temporal de zonas de desplazamiento.
Acorde
con el lugar donde ocurre un ilícito, se puede prever las características de
las posibles víctimas y personas delincuentes que transitan con frecuencia
dicho lugar (Fundación Paz Ciudadana, 2010).
Asimismo,
desde esta teoría puede tratar de comprenderse por qué las partes involucradas concurren
en el lugar, así como el motivo que conlleve el punto de encuentro entre la
diada delincuente- víctima. Esta teoría ayuda de una forma estructurada a
comprender, investigar e indagar patrones de comportamiento.
La
segunda teoría que se profundiza en este espacio es la de actividades
rutinarias, con esta se ahonda el comportamiento de las personas y sus patrones
a nivel de sociedad. Bajo esta teoría, se señala que las personas transgresoras
de la ley, es decir los delincuentes, tienen en sus cotidianidades una serie de
actividades diarias, como las otras personas miembros de la sociedad que no
incurren en la comisión de ilícitos, o sea cuenta con rutinas preestablecidas,
sea para movilizarse al domicilio, lugares de interés o centros de trabajo.
La
teoría de actividades rutinarias contempla más elementos que los mencionados en
la teoría de patrones, dentro de los componentes imprescindibles de esta teoría
se encuentran, la persona transgresora, la eventual persona que se convierta en
víctima, carencia o no presencia de actor social que se desempeñe como guardián,
el determinado lugar geográfico y el momento temporal (Rodríguez, Obuder y
Mora, 2017).
La
persona infractora, bajo la perspectiva de esta teoría, tiene mayor predisposición
a cometer un delito en una zona geográfica, a la que tenga cercanía, sea porque
parte de su rutina implica pasar por “X” lugar conciso, o porque a los alrededores
de este lo visualiza como una importante oportunidad para la comisión de
ilícitos.
Aunado
a lo anterior, la teoría de actividades rutinarias contempla aquellos cambios
en los comportamientos o rutinas de las personas, puede incrementar o disminuir
las oportunidades para que las personas transgresoras de la ley cometan algún tipo
de ilícito.
En el
caso de Costa Rica, un ejemplo de una situación que implica cambio en las
rutinas son los períodos en los que las personas vacacionan, como se muestra en
el siguiente titular:
La Semana Santa representa un importante cambio en las rutinas de las personas, ya que estas aprovechan estos espacios para vacacionar, suelen desplazarse a lugares pocos concurridos, que se convierten en focos de interés para el hampa, o, por ejemplo, que hay un aumento a que los robos contra la propiedad, específicamente contra casas de habitación, debido a que las personas dejan solos estos sitios para movilizarse a otros lugares de tipo vacacional, la contingencia policial se focaliza en otros lugares poco habituales, y esto es aprovechado por delincuentes para la comisión de variados ilícitos .
Este
tipo de teorías presentadas brindan una importante comprensión al fenómeno
criminal, y a pesar de que su postulación fue hace varias décadas, las mismas
siguen teniendo vigencia, eso sí, no puede pasarse por alto la presencia de
nuevas variables que previamente eran inconcebibles y en la actualidad son una
realidad. El análisis delictual permite desde varias vertientes trazar rutas de
acción en pro de la mejora de la problemática de la inseguridad ciudadana, pero
para esto se requiere del compromiso de diversos agentes de la sociedad que
establezcan alianzas en pro de la mejora del desarrollo humano y convivencia
ciudadana.
Las personas
profesionales en Criminología deben tener apropiación teórica y operacional de
las diversas teorías que facultan la comprensión y análisis del espectro
criminal, para que con esto se realizan intervenciones más integrales y por
medio de su rol como gestor de cambio, lideren una serie de medidas que tengan
como objetivo el bienestar de los diversos sectores de la sociedad. Si bien es
cierto, la participación de las diversas partes de la sociedad es necesaria, se
requieren de personas que establezcan rutas de acción en pro de la reducción de
los delitos.
Referencias
bibliográficas
Arrieta, E. (2022). Esté alerta contra las
amenazas en Semana Santa [Figura 1]. La República.net. Recuperado de: https://www.larepublica.net/noticia/este-alerta-contra-las-amenazas-en-semana-santa
Fundación Paz Ciudadana. (2010). Análisis
delictual: enfoque y metodología para la reducción del delito (Primera
Edición). Santiago, Chile: Alphaprint. Recuperado de: https://aprende.uned.ac.cr/pluginfile.php/532432/mod_folder/content/0/analisis-delictual_enfoque.pdf?forcedownload=1
Rodríguez, J., Oduber, J. y Mora, E. (2017). Actividades
rutinarias y cibervictimización en Venezuela. Revista Latinoamericana de
Estudios de Seguridad, 20, 63-79. Recuperado de: http://dx.doi.org/10.17141/urvio.20.2017.2583

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